Por Alfredo Oropeza

“Por cada dosis que se desvíe a niños y niñas, a través de los amparos, se le quita la oportunidad de vacunarse a una persona que tiene riesgo mayor”. -Hugo López-Gatell

Nuevamente, con un discurso ideológico y de doble moral, más que con un argumento razonado y sustentado, los López (Obrador y Gatell) recriminan la preocupación legítima de padres de familia que desean que sus hijos sean vacunados contra el Covid-19.

Si bien, estadísticamente esta sustentado que entre más joven es el segmento poblacional, menos probabilidad de sufrir síntomas graves se tiene. También es un hecho que los niños y jóvenes no son inmunes al contagio, que existe una probabilidad de tener una sintomatología aguda y que existen casos de bebes, niños y jóvenes que han fallecido a causa del Coronavirus.

Tal parece que López Obrador menosprecia la salud y la preservación de la vida de los infantes, al grado de aparentar que su prioridad son sólo los que votan. Como si tuviera esa intuición de que la generación de los hoy bebes, niños y jóvenes, son los que en el futuro juzgaran su desempeño mediocre, su ideología de odio y discurso manipulador.

No es casualidad la desaparición de las estancias infantiles, o la cancelación de la reforma educativa, el genocidio de Estado contra los niños con Cáncer y, ahora, la negación de considerar que la población infantil sea incluida dentro del Programa Nacional de Vacunación contra el Covid-19.

La preocupación de los padres de familia no es infundada, ya que el Instituto Nacional de Pediatría se han registrado 430 hospitalizaciones de niños y 20% necesitó terapia intensiva.

Aunque estadísticamente es mucho menos probable que el SARS-CoV-2 cause enfermedades graves en los niños, que en los adultos, algunos menores sí enferman gravemente y el espectro de un Covid prolongado, es suficiente para que muchos pediatras recomienden que se vacunen lo antes posible.

La comunidad científica internacional se ha pronunciado en favor de la vacunación de niños y adolescentes, como una medida segura y necesaria. Las actuales vacunas de Covid-19 para jóvenes, a partir de doce años, no son peligrosas para ellos, ni son ineficaces para combatir la enfermedad, aseguran médicos y científicos.

Por tal razón, en un acto legítimo de protección a sus hijos, varios cientos de padres mexicanos recurrieron a amparos judiciales, para que se vacune a los menores desde antes del retorno a las escuelas (30 de agosto), ante el temor de que suban los contagios de COVID-19 entre los menores de edad.

El éxito de esta acción legal ha animado a más padres ha emprender procesos similares, utilizando el mismo recurso, ya que en redes sociales se publicó el texto del amparo inicial que tuvo éxito, para que otros puedan copiarlo y lograr vacunar a sus hijos.

Pero, estas acciones humanas y comprensibles sólo desataron la cerrazón y falta de sentido humano del presidente López, que al igual como reaccionó contra las demandas de los niños con cáncer, ahora se lanza contra los padres que se amparan para lograr que sus hijos sean vacunados, acusándolos de conspiracionistas y parte de una campaña que busca desprestigiar a su gobierno.

Como todo en el gobierno de 4Ta., López busca hacer tormentas en un vaso de agua, pues no es nada equiparable los doscientos amparos de padres que buscan que sus hijos sean vacunados, a los casi 19 millones de vacunas extraviadas por el gobierno federal, donde nadie sabe y nadie supo dónde quedaron esas diferencias, entre dosis adquiridas y dosis aplicadas.

Tampoco son nada equiparables las dos centenas de padres buscando vacunar a sus hijos, que las vacunas que el gobierno de 4Ta. ha donado a Honduras, Guatemala, Bolivia, Belice, Argentina, El Salvador, Paraguay, Panamá, República Dominicana, Trinidad y Tobago, Jamaica y Haití; que juntos suman alrededor de dos millones de vacunas obsequiadas.

Habrá que recordarle a los López, que son dos millones de dosis que no nos estaban de sobra y que se desviaron hacia otros países, quitándoles la oportunidad de vacunarse a mexicanos que tienen un riesgo mayor.

Candiles de la calle y oscuridad en su casa.

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